A vueltas con la Reforma Laboral y la Negociación Colectiva (Parte III). Renegociar el contrato.

Muchas veces me han preguntado cómo es una negociación sectorial desde la perspectiva empresarial y la verdad es que me cuesta mucho describirla. Suelo contestar, imagínate que vas a renegociar un contrato y de salida te dicen que no se fían de ti, que nada de lo que aparece en el mismo se puede cambiar y que sean cuales sean las necesidades de las empresas y sus circunstancias solo cabe mejorar ese contrato o, en el mejor de los casos, mantenerlo, con el añadido de que tu firma sin excepción afecta a todas las empresas del sector, exigiéndote también renunciar a aquellas herramientas que pueden facilitar a una empresa adecuar temporalmente el convenio a sus circunstancias.

Luego les suelo decir, ahora imagínate lo anterior pero atravesando la mayor crisis económica que se recuerda y con la exigencia de que lo que firmes va a estar siempre vigente, no solo porque te exigen acordar que ello sea así, sino porque en el contexto de la negociación ya te advierten que para el convenio siguiente nada de lo que aparece en este se va a modificar.

Y finalmente para terminar les suelo decir, ahora imagínate que en ese contexto tienes que justificar ante las empresas del sector la firma de un convenio colectivo con incrementos salariales del IPC, el mantenimiento íntegro del mismo para siempre lo que también supone incrementos salariales por otros conceptos y en el que además la posibilidad de descuelgue temporal en caso de ser necesario depende en exclusiva de los trabajadores. Ahora solo falta ponerse en nuestro lugar.

Por ello defendemos, porque así lo creemos firmemente y porque así nos lo manifiestan mayoritariamente las empresas con las que hablamos, que la única manera de que pervivan los convenios sectoriales actuales de una forma estable es dotar a los mismos de instrumentos que permitan una adaptación eficaz de las empresas a circunstancias sobrevenidas.

Si la prolongación de la vigencia de los convenios no se conecta con la existencia de estos mecanismos eficaces de flexibilidad interna que, con las suficientes garantías, permitan el descuelgue de aquellas empresas que acrediten una situación negativa puedan descolgarse temporalmente, las consecuencias para las empresas y los trabajadores serán peores de las que por desgracia estamos ya soportando. En este sentido hacer recaer la posibilidad de inaplicación única y exclusivamente en el consentimiento del trabajador, aunque el acuerdo sea la regla general y esta sea una pretensión legítima por parte sindical, no garantiza eficazmente esta adaptación necesaria, ni en modo alguno facilita la consecución de acuerdos de descuelgue que eviten la adopción de otras medidas que pueden suponer una mayor destrucción de empleo o la desaparición de las empresas.

No conviene olvidar que esta crisis no solo la sufren los trabajadores sino que ya han desaparecido más de 7.000 empresas en la CAPV desde el inicio de la misma.

 

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