Cuando en la estrategia sindical una huelga esconde otros objetivos

Asistimos la semana pasada a lo que aconteció en la huelga del Metal y desgraciadamente no nos sorprendió. Era algo más que previsible.

Añoranzas quizás de tiempos pasados en blanco y negro en los que la huelga era ilegal, en los que se usaba la fuerza para acabar con una protesta, incluso la Ley para encarcelar a un huelguista, rememorando eslóganes de antaño y fórmulas del pasado como si ahora resultaran efectivas. Como si las empresas de hoy fueran las de antes y nada hubiera cambiado. Como si las necesidades de todos/as fueran las mismas.

Se entona a voz en grito la necesidad de la lucha o de un “otoño caliente” para lograr la firma de un convenio que en el fondo no es su prioridad. Porque cuando algo es prioritario y se desea modificas tu posición inicial, se recurre a fórmulas de mediación, etc., se hace lo posible por conseguirlo antes de recurrir a una medida como la huelga.

En lugar de eso se apuesta como estrategia por bloquear la negociación sectorial y por ir firmando en el ámbito empresarial acuerdos particulares con condiciones similares a las que la patronal ofrece en la mesa de negociación, por cierto, muy parecidas a las que han sido suficientes para firmar otros convenios sectoriales. Incluso la semana pasada se negociaban en empresas del metal acuerdos muy similares a los que se rechazan en la mesa de negociación. Algo inentendible.

Eso sí, mientras tanto se solicita a la patronal ante los micrófonos de la prensa y tras el ruido hecho que convoque la mesa de negociación ¿pero es que acaso no pueden convocarla las organizaciones sindicales? ¿Qué se le impide?

Así, cuando se antepone el interés propio a la que se supone es tu prioridad, asumes el riesgo de caer en la incoherencia, incluso en lo ilegal. Y lo que es más grave, el riesgo de que el convenio sectorial pase a un segundo plano o desaparezca. Y claro, para que no se note llega un momento que toca “llamar a las trincheras”, repetir sectorialmente lo que ya se ha hecho empresa por empresa, pero obviando que todo ese tiempo trascurrido no ha hecho sino dificultar aún más la firma de un convenio sectorial. Y lo grave es que lo saben.

Por otra parte, los sindicatos son muy conscientes de que no estamos en aquellos tiempos pasados, que parecen conmemorarse, como icono de la lucha obrera. Saben sobradamente que la huelga es hoy día un derecho fundamental reconocido y respaldado judicialmente, cuya falta de regulación por una Ley Orgánica hace además que nos situemos ante una frontera difusa entre lo que está permitido y lo que no.

En un contexto además en el que prolifera la demagogia y en el que se obvia invocar el derecho que también existe a trabajar, en el que a las empresas nos es muy difícil comunicar lo que realmente sucede. Condenados de antemano, como cualquiera que no apoye ese discurso bélico, sea trabajador/a a quién se tacha de esquirol o el propio Lehendakari a quien se acusó de posicionarse con la patronal. Da igual que critique con respeto, como en otras ocasiones lo ha hecho con las organizaciones empresariales. O estás a favor o en contra. No hay medias tintas.

Y lo peor de todo es que los sindicatos ya saben que su estrategia no les acerca a la firma del convenio sectorial, sino todo lo contrario. La propia FVEM advertía la semana pasada que suponía un freno a la negociación.

O varias huelgas en el sector de oficinas y despachos y el convenio sin firmar, simplemente porque una parte no acepta que un sector incluye múltiples realidades con necesidades diferentes.

Saben también que los acuerdos que promueven en el ámbito empresarial les alejan de la que dicen es su prioridad, generando una mayor diversidad de la que ya existe y contraria a la homogeneidad que defienden en la mesa de negociación.

Y pese a ello insisten en dicha estrategia para luego encabezar y alentar la huelga sectorial precisamente en estas empresas. Se convoca la huelga ante la inexistencia de un convenio sectorial y resulta que es allí donde los sindicatos han apostado por una negociación de empresa y donde ya existe, según sus propias palabras, un “convenio digno”, dónde más daños se producen.

Hace apenas 3 semanas el sindicato ELA anunciaba las bondades del acuerdo alcanzado en el convenio de una empresa de Abadiño con vigencia hasta 2022, manifestando que sus trabajadores/as eran un ejemplo de que con organización y lucha se podían conseguir convenios dignos. Se referían a lucha porque evidentemente en dicha empresa se había convocado también huelga. Por cierto, dicha empresa tenía vigente el convenio colectivo 2015-2018.

Y sin embargo la semana pasada sufrió graves destrozos, pérdidas económicas e incluso enfrentamientos de trabajadores/as contra “piquetes informativos” encapuchados. Así, los mismos que antes del verano vaticinaban “el otoño caliente”, en septiembre se felicitaban públicamente por el convenio firmado y en octubre dicho convenio ya no es merecedor de alabanzas. El súmmum de la incoherencia y la muestra de que todo vale. Pero claro, son hechos aislados. Menos mal.

Ejemplos como este abundan en este y en otros sectores en los que la mayoría sindical ha apostado definitivamente por la firma de convenios de empresa, desoyendo las advertencias de las patronales de que dicha apuesta dificulta gravemente la firma de un convenio sectorial y de que la firma de éste pasa por adaptar su contenido a la realidad del siglo XXI y a las necesidades también de las empresas.

Los sindicatos como regla general niegan esta necesidad de adecuación y su única respuesta es la de no negociar. Es más, cuando a algún sindicato se le ocurre explorar esta posibilidad, ya está el otro para atacarle.

Así, algunas negociaciones sectoriales se han convertido en un instrumento para otra cosa. En un “frontón” en el que cada oferta patronal, sea la que sea, se contesta con un “es insuficiente” y nada más. En la que intencionadamente se demora la negociación para fundamentar posteriormente el recurso a la huelga en dicha tardanza.

Y en aquellos sectores más sensibles en los que también sufren los efectos de la huelga, aparte de las empresas y trabajadores/as, también los ciudadanos/as, directamente no se negocia. Nos encontramos con propuestas de “lo tomas o lo dejas”, con convocatorias de huelga en las que también se mezcla a la Administración Pública hasta que en el mejor de los casos por parte sindical se entiende que ya ha sido suficiente y en ese momento se empieza realmente a negociar y a aceptarse propuestas que antes eran inaceptables. El conflicto de Residencias en 2016 y 2017 con más de un año de huelgas sucesivas es un ejemplo de ello.

Evidentemente las organizaciones empresariales tenemos nuestra cuota de responsabilidad en la ausencia de acuerdos, pero nos gustaría también que se hablara de la cuota de responsabilidad de las organizaciones sindicales cuando actúan de la forma anteriormente expuesta.

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